Ahora recordaba que en algún momento de cualquier día, no sabría decir cuándo ni cómo, supo que había vivido otra vida, en otro mundo. Era como si viniera de un extraño viaje, de un lugar del que no conocía el nombre, como si hubiera despertado y recordara un sueño sin la sensación de haber dormido. También recordaba que, un instante después de su regreso, tuvo la certeza de que en realidad no se había movido, ni viajado a ningún sitio, solo la sensación clara, física, de haberse girado ciento ochenta grados sin que nada a su alrededor hubiera cambiado: delante y detrás eran exactamente igual aunque no lo mismo. Se confundía el reflejo del espejo con el objeto reflejado y, por consiguiente, el país de Inopia, el nombre que puso al lugar del que venía, era semejante al mundo al que regresaba.


viernes, 21 de febrero de 2014

Capítulo uno

Como le era imposible determinar desde cuando había vivido en Inopia el escritor comenzó a contar la manera en que tomó conciencia de que vivía en aquel país. Recordó cómo desde muy pequeño había tenido sospechas de que algo extraño sucedía en la manera de actuar de sus familiares, amigos y conocidos, sobre todo por esas oscuras zonas entrevistas en los pliegues nunca esclarecidos de sus palabras, en la contradicción socialmente aceptada entre lo que se decía y lo que se hacía, en sus actividades sin conexión con la vida sino más bien con los ritos de las instituciones y los valores y convenciones de las autoridades, en esos poderes y privilegios concedidos que entendía, con candor infantil, que no emanaban de un poder de la naturaleza sino de la incomprensible concesión de sus conciudadanos.
La sospecha se transformó en duda al conocer a X. Ya no era un niño y su candor se transformó en conciencia. Primero supo que X no formaba parte de ninguno de los grupos habituales, luego que ni siquiera era miembro de ninguno de los grupos sociales permitidos ni prohibidos, ni instituidos ni en proceso de constitución. Si carecía de criterios fijos en dónde radicaba la opinión de X. Aún más, quién era X. ¿Cómo podía ser alguien aquel que ni formaba parte de un grupo ni tenía una ideología que seguir? Sin embargo parecía una persona normal, integrada, incluso buena... ¿o quizá no?
Comenzó a observarlo, a seguirlo de manera obsesiva, creyó incluso ser él. Un día desapareció sin que nadie le pudiera explicar a donde se había ido. Con el tiempo supo, no podía ser de otra forma, que había abandonado el país.
El recuerdo de sus palabras, de sus gestos, de sus actos le acompañó durante mucho tiempo. Trató de explicar lo inexplicable, pero no podía porque todavía seguía viviendo en Inopia.



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El escritor en Inopia es una historia abierta.


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